“Si Bergoglio decía todo lo que pensaba no llegaba a Papa”

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“Si Bergoglio decía todo lo que pensaba no llegaba a Papa”

Por Diego Genoud – LPO – El director de la revista Criterio y especialista en el Vaticano analiza el impactó político del Papa Francisco.

“Evidentemente Bergoglio no siempre dijo lo que pensaba. Conoce muy bien el valor del silencio y, si hubiera dicho todo lo que pensaba, no llegaba a Papa”, dice José María Poirier.

El director de la revista católica “Criterio” no sólo es uno de los especialistas que conoció a Jorge Bergoglio antes de que llegara al Vaticano: además es capaz de definir con precisión el impacto del gobierno de Francisco en la crisis de la Iglesia y de la lucha geopolítica.

Periodista, docente, especialista vaticano, Poirier analiza al político Bergoglio y también se remonta a los orígenes de los jesuitas para entender los objetivos del Papa. “Ha llevado la Iglesia a un plano internacional destacado después de años de poca visibilidad. Es un caudillo, pero tiene poco tiempo y debe administrarlo bien”, advierte.

¿Cuál es la importancia del viaje del Papa a Cuba y Estados Unidos en términos políticos y también para el gobierno de Francisco?

En lo religioso, pastoral, la conexión del Papa con la feligresía católica en Cuba y en Estados Unidos. En lo político, en Cuba el objetivo era afianzar el acuerdo de relaciones diplomáticas con Estados Unidos en vistas a un deshielo para terminar con el ahogo económico de la isla. Que tanto Obama como Raúl Castro reconocieran públicamente su agradecimiento a Bergoglio lo puso en un estado de visibilidad especial. En Cuba, Francisco buscaba más libertad pública para la Iglesia. Se criticó al Papa porque no habló de los disidentes: eso formaba parte de los acuerdos. El gobierno cubano exigía leer antes todas las palabras que iba a decir Bergoglio en la isla y si se hubiera salido de ese programa, hubiera puesto en riesgo el acuerdo que incluía la liberación de 3000 presos.

¿Y en Estados Unidos?

Estados Unidos significaba privilegiar a la minoría católica ante la mayoría protestante. Es una Iglesia que había tenido una tradición más demócrata que republicana pero que venía de años de terror porque toda el tema de la pedofilia había golpeado mucho a la jerarquía católica. Estados Unidos es el país que más dinero aporta a la Iglesia Católica junto con Alemania. El Papa tenía que ir al encuentro de una comunidad católica con grupos de mucho peso, pero muy conservadores que lo veían como un Papa demasiado de izquierdas, latinoamericano. Y al mismo tiempo tenía que establecer relaciones políticas con Obama, un presidente demócrata. El triunfo de Francisco en los Estados Unidos es enorme porque lo esperaba un ambiente mucho más difícil. Cuba lo veía como diciendo “bueno, uno más que abre la puerta”. Pero en Estados Unidos el discurso al Congreso, ovacionado tantas veces…

Estados Unidos es con Alemania uno de los países que más dinero aporta a la Iglesia, el Papa tenía el desafío de ir al encuentro de una comunidad católica con grupos que lo veían como demasiado de izquierdas.

En Estados Unidos no se guardó nada.

Es cierto, encaró la pedofilia, encaró la reforma económica de la Iglesia, se demostró como un líder de masas. ¿Quién le cubre las espaldas a Bergoglio? Las multitudes. Pasó como cuando fue a Brasil, fue muy difícil para los cardenales que no lo veían bien, cuando volvió como Julio César después de las Galias, con un baño de multitudes. Para una Iglesia que tenía tantos problemas, que un Papa vuelva ovacionado, tres millones de jóvenes, es una cosa rara. Él es muy consciente de eso. Al crear un puente directo con las multitudes condiciona a los estratos intermedios que considera burocráticos.

El partido de Francisco

Usted escribió que Francisco necesita crear su propio partido para hacer su revolución.

Eso se lo robé a Marco Politi, un gran vaticanista italiano que me entrevistó para su libro “Francisco entre los lobos”. Él es agnóstico pero conoce muy bien y me decía que detrás de todo Papa siempre hubo un partido político. Lo tuvo Pablo VI en los sectores progresistas y modernizadores para llevar adelante el Concilio (Vaticano II), lo tuvo Juan Pablo II como un enclave conservador… Bergoglio es un desconocido: es una carta que necesitaban porque estaban muy devaluadas las cartas italianas. El apoyo sustancial se lo dan los ingleses y los norteamericanos como expresión de malestar con la Curia Romana.

Bergoglio era el cuerpo extraño pero tenía a su favor que había apoyado a Ratzinger en el cónclave anterior. Bergoglio en 2005 tenía dos preocupaciones y por eso justifico su cambio de carácter hoy: una eran los Kirchner en Argentina y la otra eran (Angelo) Sodano y la Curia Romana.

Bueno, el nuncio (Adriano) Bernardini se llevaba mucho mejor con el gobierno, con Bergoglio en Buenos Aires.

Si, claro, Bernardini ahora está en el Vaticano, Bergoglio lo tiene ahí pero no le da importancia. Bergoglio…nunca me animaría a decir que se cobra venganza, pero es un tipo que tiene una memoria excepcional. Y no olvida. Sabe tu nombre, sabe dónde se vieron, en qué año. Eso impresiona un poco, alguien con una cabeza así.

¿Quién le cubre las espaldas a Bergoglio? Las multitudes. Es muy difícil para los cardenales que no lo ven bien, enfrentarlo cuando aparece como Julio César después de las Galias.

¿Y cómo administra esa memoria, Francisco?

Es como “Funes el memorioso”. Les preocupa un poco a veces la excesiva memoria porque saben que para pensar vos tenés que abstraer. Para la estrategia política de Bergoglio, la jerarquización de los temas es muy importante. Él, como jesuita que es, determina cuáles son las cinco cosas importantes que quiere hacer y en qué plazos: el resto lo delega, no le interesa. Nunca fue el Teatro Colón, nunca fue una Academia, nunca fue a la Universidad, nunca fue a comer con nadie porque considera que las comidas sociales son una pérdida de tiempo y energía, que él necesita para otras cosas. Por eso, nunca se tomó vacaciones porque es un tiempo que él considera muerto. Es como un boxeador que sabe que tiene varios rounds por delante y no puede cansarse en el primero. Tiene poco tiempo por delante y tiene que administrar muy bien qué va a hacer.

La multinacional jesuita

¿Cuál es la importancia que le atribuye a su formación jesuita?

San Ignacio de Loyola decía que el jesuita tiene una obediencia de cadáver, ni mosquea. El pretendía unas huestes muy eficaces y la formación era muy larga. No se ordenaba antes de los 33 años a un jesuita. Pero a partir de ahí el jesuita era toda la compañía. Un jesuita podía estar solo en las misiones del Paraguay, en Japón o en la China. La apuesta era que una larga y estricta formación produjera después una réplica de la Compañía en cada persona. Y lo logró.

El ex jesuita Chris Lowney y alto ejecutivo de JP Morgan dice en uno de sus libros que los jesuitas fueron la primera multinacional de la historia.

Y es verdad. Las órdenes misioneras en América venían de una fundación local. Los jesuitas desde su fundación son un grupo multinacional y las misiones jesuíticas vos te encontrás miles de indígenas guaraníes y muy pocos jesuitas que manejaban la orden. Esa inculturación le dio un color muy importante. Si tenés un grupo internacional te ves obligado a medicaciones distintas.

Bergoglio, como jesuita que es, determina cuáles son las cinco cosas importantes que quiere hacer y en qué plazos: el resto lo delega, no le interesa.

Algunos piensan que Bergoglio retoma el camino de Mateo Ricci, el primer jesuita que llegó a China en 1582. ¿La Iglesia de Francisco busca extender su influencia hacia China e India en detrimento de Europa y Estados Unidos?

Sí, sí. Bueno, no diría en detrimento. Pero sin duda está en su horizonte. No te olvides que Bergoglio hubiera querido ser misionero en Asia y no lo autorizaron. Hay una estrategia misionera: él cree que el misionero es el tipo que no es burgués, el que se ve obligado a confrontar sus estructuras mentales con otras, que tiene que dar un testimonio creíble porque si no, no convierte en cristiano a nadie.

Entonces se puede tomar como antecedente de ir más allá y descentrar…

La palabra jesuita tiene connotaciones distintas en cada país de Europa. La primera vez que Umberto Eco escribe sobre Bergoglio dice este es un jesuita pero de las misiones en Paraguay: quiere decir que es un tipo con un proyecto político y civilizatorio, no simplemente un misionero, viene de un lugar donde se construyeron comunidades políticas. El jesuita piensa esta es la norma, esta es la situación, ¿cómo se combinan? Es lo que está haciendo con el aborto, es lo que está haciendo con el divorcio. Si el 50 por ciento de los que se casan se divorcian, un jesuita no va decir que no atiende el problema.

¿Eso explica el permiso para perdonar durante el Año Santo a las mujeres que abortaron pero se arrepienten?

Claro, Bergoglio es muy hábil y usó ese elemento. Eso acá lo dijo Quarracino hace muchos años. Pero Bergoglio lo convierte en un emblema y con eso gana simpatías populares y desata broncas de Palacio.

Busca reconciliar a la Iglesia con las mayorías.

Esa es la estrategia. Yo creía que no iba a escribir encíclicas porque no es lo suyo. Es un tipo de gestos, de política. Pero ahora escribió “Laudato Si”, social y ecológica, él captó que eso era importante y eso faltaba. Eso le dio una visibilidad muy grande.

Aparecida, el documento clave

En “Laudato Si” colaboró Leonardo Boff, que había sido un crítico muy duro de Bergoglio y hoy habla como enamorado de Francisco.

Leonardo es un personaje, es un romántico. Bergoglio era considerado un jesuita muy severo, muy duro, y de principios muy ortodoxos, no caía simpático. Hasta que los fue ganando de a poco y la maniobra extraordinaria fue Aparecida, porque ahí todo el mundo lo reconoce. Él se aviva porque ahí siempre se llegaba a esos encuentros con un texto que mandaban de Roma, pero ahí lo nombran presidente de la redacción y él dice estamos sin texto: hablen y armamos nosotros un texto. Todo el mundo quedó fascinado porque se incluyó todo y Ratzinger lo aprobó porque estaba él de por medio.

¿Los argentinos no supimos leer ese documento de Aparecida de 2007, que fue clave como antecedente?

Noooo. No nos interesó. Cuando él, ya Papa, le da a Cristina Kirchner el librito y le dice “mire lea esto” era como decir miren que ustedes no entendieron nada. Nosotros, los argentinos. Ese documento a él lo ubicó por encima de todo el Episcopado latinoamericano. La encíclica es importante pero más importante son los gestos. Los gestos son las herramientas que él tiene para doblegar a la Corte para que no lo ahogue.

La maniobra extraordinaria fue Aparecida, hasta ese momento los textos llegaban de Roma y cuando lo nombran presidente de redacción, el les dice: “Estamos sin texto, hablen y armamos nosotros”.

¿Qué le sumó a su liderazgo Bergoglio cuando se convirtió en Francisco?

Yo creo que hoy él puede decir lo que piensa. Evidentemente Bergoglio no siempre dijo lo que pensaba. Conoce muy bien el valor del silencio y si hubiera dicho todo lo que pensaba no llegaba a Papa. Él sabe que hay que administrar palabras y silencios porque esa es una estrategia, muy de los jesuitas: si vos querés operar un cambio, tenés que llegar al lugar desde dónde se puede hacer ese cambio. Bergoglio pensó todo: cambia ahora el Papado, ya aceptaron mi renuncia, me voy a vivir a Roma. Es un hombre que no le tiene miedo a los cargos porque sabe mandar. El mando constituye parte de su personalidad. Es como un buen político.

Es un político.

Si, es. Yo creo que si no hubiera sentido esa vocación sacerdotal, hubiera sido claramente sólo un político.

Un Papa anti-liberal

Usted dice que es un Papa que vive de la ruptura. ¿Es un reformista que va en busca de la restauración?

La restauración, pero no el anciane régimen. Si hay una restauración es fundacional, decir en el origen Jesús y sus discípulos hacían esto. Quiere una Iglesia como actor de peso internacional, él sabe que está perdiendo feligresía, le preocupan la gente mayor, los jóvenes, la droga, el trabajo esclavo. Yo le encuentro también defectos, creo que no está suficientemente abierto a los valores republicanos. Pero esos son los liderazgos carismáticos, que en el fondo entroncan mejor con el peronismo. Es un caudillo, de un poder muy fuerte, centralizado, no cree en mediaciones. Es muy de un jesuita hacer buenas preguntas pero después no tener en cuenta las respuestas si no le parecen. Él tiene un esquema. Hay algo que todos le respetan: nunca persiguió a nadie. Vos estabas con la Teología de la Liberación o con los lefevbristas, podías hablar. Que él te diera la razón, no, eso otra cosa.

El defendió la Teología del Pueblo ante la Teología de la Liberación.

Las circunstancias políticas definen mucho. A Bergoglio le toca ser, siendo muy joven, provincial de los jesuitas en Argentina y él se encuentra en un momento de compromisos políticos serios. El ve el desmembramiento de la Compañía y decide tomar una línea muy severa: o estás acá o estás allá. Eso va a generar un grupo pro-Bergoglio muy convencido y también un grupo izquierdista o más liberal que comienza a combatirlo. Queda caracterizado como un tipo casi conservador, muy duro. El tenía (y tiene) una muy buena relación con Gutiérrez, el peruano que fundó la Teología de la Liberación pero le molestaba la lectura marxista de la historia porque eso llevaba a curas guerrilleros y a enfrentamientos muy duros. Se refugia en la Teología del Pueblo del padre Lucio Gera, que básicamente es piedad popular. Ahí Bergoglio dice más que el análisis marxista -que no me interesa- y más que a teología tradicional -que me aburre- yo prefiero ir a Luján, porque ahí está la gente. Por eso él desarrolla tanto el tema de la religiosidad popular, ahí ve un germen genuino.

También está la influencia de Methol Ferré.

Claro, era un laico muy escuchado por la Iglesia en América Latina, ser muy católico en Uruguay es ser muy moderado en Argentina. La Iglesia en Uruguay es más pacata.

¿Entonces es correcto decir que Francisco es un Papa anti-liberal?

Claro, bueno, es argentino. Nosotros estamos muy signados por el peronismo y por las tradiciones fuertes. A nosotros la República nos cuesta.

Bergoglio ejerce un liderazgo carismático, que entronca bien con el peronismo. Es un caudillo, de un poder muy fuerte, centralizado, no cree en mediaciones.

Todavía hoy Bergoglio le dedica una posdata de su discurso a esa vieja discusión, cuando critica a los que eligieron la lucha armada o advierte ante las denuncias en Chile que no hay que dejarse llevar por los “zurdos”.

Jaja, si, si, si, él jugó ahí. En Chile hay un despelote tremendo porque es una sociedad tan conservadora que, cuando explota, no la paras más. El sigue recordando que no era zurdo, es cierto. Es un poco inasible pero hay un meta-mensaje. Recibió a la jueza americana que no quería firmarle la libreta matrimonial a los gays pero al mismo tiempo recibió a un ex alumno suyo gay que vive en pareja y que fue con el novio.

¿Cuál es el mensaje principal de Francisco?

Él usó mucho una frase en latín que es “Cum Petrus et sub Petrus”, que quiere decir con Pedro pero bajo Pedro. Yo estoy con ustedes pero claro, ustedes están por debajo. Porque el Papa tiene su poder monárquico absoluto, él puede hacer un Sínodo y después no tenerlo en cuenta. No es simpático pero Juan Pablo II lo hacía todo el tiempo. Ahora larga el año de la misericordia. Está en ejecución el segundo sínodo de la familia. La misericordia es clave porque sabe que los perfectos no existen y cree que el cristianismo es un cristianismo para pecadores y vencidos, que se pueden redimir. Lo central es ir a una religión pobre y despojada a través de la misericordia. Y también -creo- hay un trasfondo político, que viene de la Iglesia argentina, nacionalista más bien de derecha, afín al peronismo, que vio siempre en el peronismo el antídoto del marxismo. Y siempre vio en el liberalismo el poder de los ingleses. Nos gusta, que se yo, es así.

Horacio González -que también era muy crítico cuando asumió Francisco- afirmaba que existía una disputa entre el populismo latinoamericano y la Iglesia por las mayorías.

Eso es verdad, la categoría pueblo la usan como identificación. La Iglesia también habla del pueblo de Dios, pero es una categoría teológica, no política. Durante el gobierno de Perón se quemaron iglesias y se fajaron curas. Hay que releer los discursos de Perón. Algo muy fuerte hay entre el peronismo y la Iglesia, como esos matrimonios que se llevan pésimo pero siguen juntos. Algún motivo hay.

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