Nuestra tierra. Nuestro hogar. Nuestro futuro

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Nuestra tierra. Nuestro hogar. Nuestro futuro

BONN (IPS) – Todos tenemos sueños. Para la mayoría de nosotros, usualmente estos sueños son bastante simples. Son comunes para los individuos y las comunidades alrededor del mundo. La gente solo desea un lugar donde establecerse y planificar un futuro donde sus familias no solamente sobrevivan sino donde también prosperen. Para mucha gente en muchos lugares, estos simples sueños están desvaneciéndose en el aire.

Este es particularmente el caso en áreas rurales donde la población está sufriendo los efectos de la degradación de la tierra. El crecimiento de la población doblará para el 2050 las demandas de alimento y agua, mientras que se prevé que los rendimientos de las cosechas caigan precipitadamente debido a los efectos de la sequía en las tierras degradadas.

Más de 1.300 millones de personas, mayoritariamente en áreas rurales de países en vías de desarrollo, se encuentran en esta situación. No importa cuán duro trabajen, sus tierras no le ofrecerán sustento u oportunidades económicas. Ellos están perdiendo la oportunidad de beneficiarse del aumento de la demanda global y del sostenido crecimiento económico.  De hecho, las pérdidas económicas que ellos sufren y las inequidades del crecimiento que perciben significan para mucha gente que se les está dejando atrás.

Ellos buscan una ruta de salida. La migración es un camino muy recorrido. La gente siempre ha migrado por algún tiempo, para sobrevivir cuando los tiempos son duros. El ambicioso usualmente elige moverse por un mejor trabajo y un futuro más luminoso.

Nuestra tierra. Nuestro hogar. Nuestro futuro

Monique Barbut. Crédito: UNCCD

Uno de cada cinco jóvenes, entre los 15-24, por ejemplo desea migrar a otro país. La juventud en los países más pobres desea más que nada migrar en busca de una oportunidad para salir de la pobreza. Está claro entonces que se está perdiendo en la migración el elemento de esperanza y elección.

Alguna vez, la migración fue temporal o por ambición. Hoy es comúnmente permanente y desesperada. En las próximas décadas, alrededor del mundo, cerca de 135 millones de personas estarán en riesgo de ser desplazadas permanentemente por la desertificación y degradación de la tierra.  Si ellos no migran, los jóvenes y desempleados estarán en mayor riego de ser víctimas de los grupos extremistas que explotan y  reclutan a los desilusionados y vulnerables.

Por lo tanto, este año la Convención hace un llamamiento para focalizarnos en hacer viable la tierra y las condiciones de vida para los jóvenes de las comunidades rurales. Dado que la población mundial se acerca a los 9.000 millones, y solamente en África 200 millones de los 300 millones de jóvenes que ingresarán en el mercado laboral, en los próximos 15 años, vivirán en zonas rurales.

Démosle a los jóvenes y a las poblaciones rurales mejores oportunidades y opciones. Necesitamos políticas que permitan a los jóvenes poseer y rehabilitar tierras degradadas.

Estas son casi 500 millones de hectáreas, que alguna vez fueron tierras agrícolas fértiles que han sido abandonadas. Otorguemos a los jóvenes la oportunidad de traer de vuelta  la vida y la producción a ese capital natural.

Si aseguramos que accedan a nuevas tecnologías y a los conocimientos que necesitan, ellos podrán ser resilientes a condiciones extremas del clima, como  la sequía. Con los correctos medios a su disposición, podrán alimentar un planeta hambriento y desarrollar nuevos sectores verdes en la economía. Ellos podrán desarrollar mercados para los productos rurales y revitalizar a las comunidades.

Con adecuadas inversiones en la explotación de las tierras, infraestructura rural y desarrollo de las habilidades, el futuro puede ser prometedor.  Debemos enviar un claro mensaje de que si esto es bien manejado, la tierra podrá proveer no solamente lo suficiente para sobrevivir, si no que será un lugar donde los individuos y las comunidades  construirán un futuro.