Despegue de la Argentina nuclear

0
12

Cris y NestorPor Ignacio Jawtuschenko* – Pionera, la Comisión Nacional de Energía Atómica, fue la institución que hace 56 años puso a funcionar el primer reactor de investigación de latinoamérica.

Hace 46 años arrancó el primer reactor de potencia del país, y desde entonces intervino además como constructora de doce reactores de investigación, siete de ellos en el país y cinco en el exterior (dos en Perú, uno en Argelia, Egipto y Australia).

La Argentina cumplió días pasados 63 años de trayectoria en el uso pacífico de la energía nuclear, desde la creación de la CNEA en 1950, durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.

A diferencia de lo que sucedía en los años 80 y 90 cuando la actividad nuclear estaba amenazada por el desmantelamiento y la privatización, las autoridades de CNEA repasaron los logros de una “década ganada” para el sector.

En estos diez años se repatriaron científicos, se recuperaron laboratorios, hubo mejoras edilicias en los centros atómicos de todo el país.

“La institución se encuentra en plena marcha, hemos logrado superar la parálisis de décadas pasadas y hoy disponemos de los medios técnicos y humanos necesarios para satisfacer los requerimientos para el desarrollo de la sociedad,”, destacó Norma Boero, Presidenta de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), cuyo presupuesto en diez años pasó de $98 millones a $2.220 millones para el 2013.

Los avances son múltiples. El más emblemático y vinculado a la creciente demanda energética es la finalización de las obras de Atucha II, que está siendo puesta en marcha y antes de fin de año producirá electricidad equivalente a la hidroeléctrica El Chocón.

Se trata de la máquina más grande de la Argentina, sus 745 MW generarán un ahorro de 1500 millones de dólares anuales en importación de combustibles.

Atucha II fue en décadas pasadas un monumento al abandono y un ejemplo de lo que no hay que hacer.
Las obras se iniciaron en 1980, y a partir de allí la suya ha sido una historia de interrupciones, demoras y a partir de 2006, reconstrucción.

Paradojas de la historia, Atucha I, la primera central de potencia latinoamericana que data de 1974, y está asentada a su lado, había sido construída en tiempo record.

El Plan Nuclear vigente puesto en marcha por el presidente Néstor Kirchner en 2006 parece haber dejado definitivamente atrás los años del apagón nuclear, y tiene como principal prioridad la generación masiva de nucleoelctricidad y aplicar la tecnología nuclear a la salud pública y en la industria.

En concreto, culminar con el prototipo del primer reactor 100% argentino el Carem 25 y en junio poner en marcha el Complejo Tecnólógico Pilcaniyeu ubicado a 60 kilómetros de Bariloche, para enriquecer uranio y dominar el ciclo completo del combustible nuclear.

En Arroyito, Neuquén, ya se puso al ciento por ciento en marcha la Planta Industrial de Agua Pesada (PIAP), la más grande del mundo, que provee a la industria local, y además exporta “agua pesada grado reactor”, insumo clave para los reactores de uranio natural.

Y en Formosa, si bien todavía es un reactor de papel, ya se avanza en el proyecto de instalación de un Carem de 150 megavatios de potencia. El objetivo es posicionar al país en el mercado de las centrales de baja potencia, que suministran electricidad a polos industriales con alto consumo de energía, en zonas alejadas.

En Córdoba, la eficiente Central de Embalse, va por su reencarnación. O como dicen los técnicos, “su extensión de vida por 30 años más”.

Embalse es una central que ha batido records mundiales en eficiencia en la producción de energía eléctrica, con un factor de utilización que supera el 85 por ciento. Produce allí el cobalto 60, un radioisótopo usado para irradiar y preservar alimentos, esterilizar insumos quirúrgicos y tratar enfermedades tumorales.

“Gracias a una potente articulación entre ciencia básica, aplicada, desarrollo tecnológico e ingeniería, estamos avanzando en temas estratégicos, como el enriquecimiento de uranio por láser, la tecnología de aceleradores, y la robótica”, señaló Norma Boero.

En estos años se fortalecieron también los vínculos con Brasil, hacia donde se exportan radioisótopos para atender a 2 millones de personas, y ya se comparte la tecnología del RA10, reactor de última generación, a fin de que ambos países puedan construir dos reactores multipropósito, que en conjunto le permitirán a la región, por primera vez en la historia, autoabastecerse de radioisótopos para usos medicinales.

En el escenario internacional la Argentina ha demostrado ser un proveedor nuclear confiable.
La primera exportación de tecnología nuclear fue una serie de elementos combustibles que compró Alemania en 1958.

En los ’80 la construcción del Centro Nuclear de Investigaciones del Perú -con los reactores RP 0 y RP 10- fue el más importante proyecto de cooperación nuclear sur-sur. También Argelia en 1989 optó -entre ofertas de las principales firmas del mercado mundial- por comprarle a la barilochense Invap su primer reactor experimental -el NUR-, con el objetivo de desalinizar agua de mar.

En 1998 se exportó otro reactor a Egipto para la producción de radioisótopos -el MPR- por un valor de 100 millones de dólares. En el 2005 se realizó la exportación más grande de la historia de la Argentina por 300 millones de dólares otro reactor que Invap vendió a Australia -el OPAL-, luego de competir en una licitación internacional con empresas como Siemens (Alemania), AECL (Canadá) y Technicatome (Francia).

En este camino el Congreso Nacional aprobó recientemente los nuevos acuerdos de cooperación en los usos pacíficos de la energía nuclear con los gobiernos de Arabia Saudita, India, Jordania, México y Sudáfrica. Nuestra capacidad atómica es desde hace tiempo valorada en todo el mundo, y ahora también en la Argentina.

*Periodista especializado en comunicación pública de la ciencia. Coautor del libro “Lavar los platos.
La Ciencia que no pudieron matar”.

Buenos Aires, NA

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here