CAMBIOS EN EL NEGOCIO DEL AGRO: SE VAN LOS GRANDES Y VUELVEN LOS CHICOS

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El XX Congreso Nacional de los Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola (CREA), que agrupa a un estrato de productores muy avanzados en materia de tecnología y organización empresarial, fue ayer en su segunda jornada que contó con la asistencia de 5000 personas, una caja de resonancia de la situación del agro. En rigor, además de las charlas que se pudieron seguir en el Estadio Orfeo sobre creatividad, desarrollo de las personas y el valor de las empresas, entre otros temas, en los pasillos del congreso productores y asesores aprovecharon este lugar de encuentro para analizar cómo se encuentra el negocio agrícola en la actualidad.

 

El común denominador es que el sector viene perdiendo rentabilidad a pasos alarmantes por un conjunto de factores, entre los cuales se destacan la suba de costos en insumos y servicios, la mayor presión impositiva, el endeudamiento, la baja de los precios de las commodities y las trabas en la comercialización por la política del Gobierno, por ejemplo.

 

«El negocio se achicó para todos y muchos van a ir para atrás este año», resumió ante LA NACION Juan Sebastián Pizzi, asesor de productores en la zona de Venado Tuerto.

 

No sólo es que el negocio perdió rentabilidad, sino que grandes pools de siembra y productores que sembraban muchas hectáreas redujeron su superficie. En este contexto, en esta campaña se está dando una situación atípica: hay campos que no se volvieron a arrendar (en el país, el 60% de la producción se hace en tierras alquiladas) y aguardan nuevo inquilino.

 

No obstante el escenario de crisis, se están observando algunos fenómenos . Uno de ellos es que productores más chicos, que antes tenían dificultades para competir con los pools de siembra, ahora pasan a tomar las hectáreas que dejan estos actores. Lo hacen porque tienen estructuras más chicas y flexibles. Además, dueños de campos que daban en alquiler su tierra están volviendo a producir ellos mismos.

 

«El modelo de gran escala está en crisis porque en campo alquilado el negocio no cierra. Pese a que bajó 15 por ciento el valor del arrendamiento, los costos están muy altos. Para una empresa que creció sobre campos alquilados hoy el costo de gerenciar una hectárea (incluye personal, movilidad, oficina y gastos contables, entre otros) representa entre 100 y 120 dólares por hectárea, cuando hace ocho años era de 20 a 30 dólares. El productor más chico no tiene ese costo de gerenciamiento, ya que él mismo lo hace y allí trabaja con su familia, y está siendo más competitivo para tomar esas tierras», explicó Pizzi.

 

OPORTUNIDADES

 

Otros asesores y productores coinciden en que hay casos de productores más chicos, generalmente de 600 a 1500 hectáreas, que están captando oportunidades para sembrar.

 

«Éste es el momento de las empresas que tienen algo de campo propio, están posicionadas localmente, poseen maquinaria propia y no se encuentran tan desfinanciadas», indicó Rolf Muller, asesor de productores en Entre Ríos.

 

Un ejemplo de lo que está ocurriendo lo cuenta Raúl Malisani, que integra el grupo CREA COS (Centro Oeste Santafecino). Durante tres años Malisani tuvo como inquilino a Los Grobo, pero en mayo pasado esa megaempresa dejó de alquilarle unas 900 hectáreas. «Tuvimos una excelente relación, pero dejaron de operar [el campo] por el incremento de los costos», afirmó. La semana pasada, Malisani volvió a conseguir un nuevo inquilino; se trata de un ingeniero agrónomo que armó una empresa con un industrial para producir.

 

Juan Minvielle, productor del CREA San Pedro Villa Lía, da cuenta de otro fenómeno: el de dueños de campo que vuelven a sembrar su tierra después de muchos años. «Conozco dueños de campo que dejaron de ser productores hace 10 años, pero hoy están volviendo a sembrar porque no tienen interesados en alquilar o porque no quieren alquilar al precio que les ofrecen», indicó.

 

En líneas generales, lo que los asistentes al congreso piden al Gobierno es una política seria para el campo. «Al productor le preocupa la falta de una política a largo plazo. Tiene que haber una política donde lo dejen producir», dijo Rubén Porcel de Peralta, asesor en San Cristóbal, una zona del norte de Santa Fe que vive de la ganadería.

 

A su lado, Horacio Rigo, intendente de San Cristóbal (Frente Amplio Progresista), que vino al congreso invitado por productores, agregó: «El productor dejó de invertir y comprar, y esto influye mucho en economías que viven del campo». La Nación/

 

 

 

 

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